Tiempo de barranquear...recogiendo cuerda en las cascadas de "Peña Guara"...Mascun, primavera 2016

sábado, 8 de diciembre de 2012

O FORNOCAL" DEL VALLE DE RODELLAR


No hace muchos años la vida en la Sierra de Guara y en concreto en el valle de Rodellar requería de ciertas dotes, habilidades y esfuerzos para conseguir vivir lo más satisfactoriamente que se podía dadas las circunstancias y los recursos en donde se encontraban muchos de los pueblos de la Sierra. Cuantas veces hemos oído decir a nuestros abuelos eso de " Pues antes chiquer teníamos que trabajar todos los días quitando alguna fiesta  de vez en cuando y gracias que no nos faltaba nada, que si vendimiar, que si germentar, que si sembrar, que si segar, que si dar de comer a los bichos todos los días, que si pastar los bueyes, que si este año no ha llovido nada, que si...en fin"

Pues bien dicho esto los recursos que ofrecía la Sierra de Guara no es que fueran "jauja"
pero todos modos sus habitantes se amoldaban al paisaje en donde vivían y los extraían al máximo exponente transformándolos en productos finales. Un recurso fundamental del que sus gentes aprovechaban a tope eran las piedras que tanto abundan por Guara para convertirlas en cemento, si en cemento. En aquellos años por supuesto también había que obrar y tirar de paleta de vez en cuando para ir adecentando el tejado de aquella borda, la fachada de la otra casa, etc...con el único inconveniente de que no poseían producto final (cemento) como hoy en día lo conocemos y tenemos a nuestro alcance sino únicamente la materia prima.

Y es aquí cuando entra en juego O´fornocal de Rodellar que significa "el horno de cal" y de donde sacaban la cal para la construcción y blanqueo de las casas, hoy sustituida por el cemento.

El proceso consistía en quemar la piedra durante varios días y a medida que se quemaba la piedra esta iba cambiando de color. Al principio  un poco ahumadas, luego blanquecinas y a ultimo hora se convertían en un tono rosado, como el rescoldo. Cuando ya presentaban esos síntomas se paralizaba el fuego y se dejaba enfriar unos días hasta que se pudiera manipular y entonces era repartido entre los socios a partes iguales según su cantidad. ¡Y a treballar!