Camino entrada "ta Otin" desde Letosa, al fondo el cabezo de Guara contempla el inicio de un nuevo Verano

domingo, 4 de febrero de 2018

ESAS TARDES DE INVIERNO, EMPAPADAS DE NIEVE Y SENTIMIENTO

Esas tardes de invierno, frente a la lumbre del fogaril, constante y caliente... dan para mucho pensar.

La cuestión es que la tarde se hace larga, y si ya de por si el mal clima empeora las cosas, todavía las empeora más los escasos vecinos que estamos aquí aun siendo fin de semana...

Ante esta tediosa situación, la tarde fría del sábado 3 de febrero (San Blas) decidí "revolver" un poco por casa en busca de entretenimiento...cual fue mi sorpresa al abrir un cajón y encontrarme la foto, (que mas abajo he puesto) dentro de un sobre.

La chica guapa de la foto es mi madre, y el infante que todavía no se va solo por el suelo soy yo. 

Al fondo mi casa, Casa Trallero bajo, de toda la vida, ahora Casa Javier, turisticamente hablando, en honor a mi padre Javier y al sujeto que escribe este texto.

Aun sigo teniendo muy buenos recuerdos de tal como era entonces: sus plantas superiores, dispersas y diáfanas; las falsas, donde mi abuelo no me dejaba entrar porque decía que me caería al asomarme por una de esos ventanos pequeños... diminutos, mas bien, pero necesarios para cumplir la función de secadero o para la ventilacion del grano cosechado o para guardar cualquier consumible de la época. 

La foto es del año 86, año que nací, y retrata fielmente el cambio lento, sufrido y agónico de aquellas casas de montaña que sobrevivieron a la despoblación del Pirineo. 






Nuestra casa aguanto altiva, fueron dos décadas tristes, exactamente desde el 69 en que mi abuelo José, cerro esa puerta para marchar a trabajar a Huesca junto a mi abuela y a mi padre Javier tras vender con mucha pena el ultimo rebaño que todavía tenia aquel verano del 69. 

Tras estar años cerrada y sin mucha esperanza de volver, a finales del año 75 mi padre regreso de la mili con el carne de conducir en el bolsillo y con el su primer coche, un R5 color beis de gasolina en sus manos.






Aquel coche, devolvió la vida a nuestra casa, ya que a pesar de la mala carretera de la época, si que era accesible para aquellos que tenían un medio de desplazamiento. 

Desde entonces poco a poco y cada vez mas asiduamente, nuestra casa y la de otros vecinos fueron resucitando del abandono...hasta el día de hoy que luce con honor y humildad el distintivo de Casa rural de calidad superior enclavada en un valle hoy conocido mundialmente por sus barrancos y paredes de escalada, sin olvidar que estuvo 20 años atrás en el limbo del olvido.